Esta historia la engendro mi cerebro hace ya varios años, pero por diferentes motivos no ha sido hasta hoy que he decidido llevarla a un papel, espero les guste, ya que no soy una escritora, no se mucho de redacción pero créanlo o no, esto me sale desde un recuerdo salido a flote de mi cerebro y desde mi corazón que a veces parece el de un juglar… aquí les presento el primer capitulo.
CAPITULO UNO.
Un día como cualquier otro.
Un día como cualquier otro, mi abuelo me hablo por teléfono, quería verme. La verdad es que me daba pereza el solo pensar pasar la tarde con el, era su único nieto, mi abuelo, un hombre retraído, triste, y a veces algo esperanzado, angustiado como si le pasara algo, como si le faltara todo, no me parecía una buena compañía, menos en estos días en que nada termina por acomodarme bien, pero bueno lo dije antes soy lo único que le queda, así que decidí ir a verlo.
Mientras iba camino a su casa, aun me seguía preguntando porque había decidido ir a verlo, a cada paso me lo imaginaba, sentado en su sillón, contándome sus recuerdos, que a mi me parecían mas alucinaciones, el olor a viejo que se había encerrado en la casa, la tristeza que se respiraba en el ambiente, desde que mi madre murió.
Pensando, recordando llegue sin darme cuenta al umbral de la casa, toque y nadie abrió, un sobresalto inundo mi corazón, “será posible que algo le haya pasado al viejo” pensé, sin pensarlo dos veces le di vuelta a la casa, entre por la puerta de servicio que había en la cocina, corrí hacia la sala, solo para encontrar todo desordenado, parecía como si acabara de ocurrir una gran pelea, asustado subí las escaleras y al llegar a la puerta de la recamara de mi abuelo, sentí un gran alivio al verlo en su viejo sillón, al verme suspiro y con una solo mirada me ordeno que me sentara a su lado.
-Sabia que vendrías- me dijo sin apartar la vista de la ventana-
-Abuelo Juan estas bien, ¿Que ha pasado? ¿Porque la casa esta así? ¿Te atracaron?, ¡¡contéstame por favor!!-dije yo sin saber porque, lagrimas empezaron a rodar por mis mejillas. Trate de controlarme, sin saber porque me había asustado como un niño.
-Estoy bien, no te preocupes-me dijo dibujando una sonrisa en su rostro-a llegado la hora tengo que partir- se paro del sillón tocándose el pecho.
-¡Ay Abuelo por el amor de Dios! No puedo creer que me hayas hecho venir por otro de tus arranques de locura- conteste enojado, no era la primera vez que lo hacia, tenia la mala costumbre de darme sustos de muerte, para después llorar un poco y quedarse dormido, estaba de verdad molesto, había vuelto a caer.
-No, Joel, esta vez es en serio, Ana Rita por fin me ha perdonado y ha venido por mi- mi ira no se pudo contener más- Abuelo, Ana Rita desapareció hace mucho, mamá me contó su historia, que eran novios que se iban a casar y que un día solo desapareció, déjalo ya, solo te lastimas- me pare del sillón y lo sujete firmemente con mis brazos –Abuelo mírate los años van los años vienen y tu sigues con el mismo cuento, desde que mamá murió ya no sales, esta casa es la que te enferma, te llevare a vivir conmigo, no puedes seguir así- trate de serenarme mi enojo aunque no por completo estaba despareciendo.
-Joel, no lo entiendes ¿verdad? Hay muchas cosas que tu no sabes, todo empezó cuando yo tenia tu edad, acababa de cumplir 22 años, nunca tuve la oportunidad que tus padres te dieron, yo jamás estudie, en esos días afortunado era el que podía comer- la ira se apodero de mi nuevamente y lo interrumpí- Abuelo porque no lo entiendes ya han pasado 80 años abuelo, ya estamos en otro centenario, he oído suficiente de tus historias, ya no soy un niño y ahora que mamá no esta tendrás que hacerme caso y venir conmigo-Apunte con un acento tal de maestro de primaria cuando regaña a sus alumnos.
Mi abuelo me miro fijamente, y me dijo: - ¿Sabes por que la casa esta así?, pase toda la mañana buscando esto- de su cuello saco una cadenita finísima, de la cual colgaba una llave que dado su tamaño y figura uno se podría imaginar que era del siglo antepasado sino es que de mayor tiempo atrás.
-Abuelo, ¿qué es eso?- pregunte sin dejar de mirar ese pequeño tesoro que no paraba de brillar en las manos del abuelo Juan.
-¿Sorprendido? Lo esperaba Joel, aunque lo pienses jamás dejaras de ser quien eres, un niño ávido de aventuras y misterio- Proclamo con una gran sonrisa en el rostro de maestro pase a ser el alumno al cual han pillado en media travesura, dio un par de pasos y se subió en su cama.
-Abuelo te ayudo, ya estas muy grande para estas cosas- sin decir mas me acerque a la cama y lo tome del brazo para ser su apoyo- Joel baja el cuadro, tienes razón soy muy grande para esto- Sin replicar baje el cuadro que tenia sobre su cama un Monet, extraño cuadro pintado de noche parecía una copia de su obra “La urraca”-Ya esta abuelo que quieres que haga-mi abuelo descolgó la cadenita de su cuello y me la puso en las manos- Si te fijas bien, el clavo es una cerradura, sácalo y mete la llave en la cerradura- así lo hice sin dejar de sudar, que carajo estaba pasando- listo abuelo ¿qué hago?- mis manos no dejaban de temblar.
- Da tres vueltas a la derecha, sume la llave, gírala de nuevo una vez hacia la izquierda y tira fuerte hacia fuera- mire a mi abuelo sin poder creer todavía lo que estaba pasando.
-Abuelo estas seguro la llave se puede romper- Trate de advertirle con la mas sincera preocupación.
-No, Joel no se romperá ya verás- Deje de discutir, sabia que era inútil, tome la llave la gire a la derecha, la empuje, gire nuevamente y jale con toda mi fuerza hacia fuera, sobre mis manos cayó un cofre algo pesado, no muy grande.
-Abuelo ¿Qué es es…?- sin terminar mi pregunta, me deje caer sobre la cama y lo mire esperando su respuesta.
- Esto es tu herencia y esta noche sabrás toda mi historia porque Ana Rita vendrá por mi y tengo que terminar mis asuntos- Yo no pude ni contestar, al abrir el cofre encontré varias monedas de oro, dos anillos, uno rojo, cuya piedra brillaba casi dejándome ciego, y uno completamente de oro con un sello de un león que me parecio familiar, un medallón que parecía estar tallado en márfil y una carta.
-Joel toma asiento, ya es tarde, falta poco para que anochezca, mi historia termina hoy y necesito contártela.
Continuara…
Mientras iba camino a su casa, aun me seguía preguntando porque había decidido ir a verlo, a cada paso me lo imaginaba, sentado en su sillón, contándome sus recuerdos, que a mi me parecían mas alucinaciones, el olor a viejo que se había encerrado en la casa, la tristeza que se respiraba en el ambiente, desde que mi madre murió.
Pensando, recordando llegue sin darme cuenta al umbral de la casa, toque y nadie abrió, un sobresalto inundo mi corazón, “será posible que algo le haya pasado al viejo” pensé, sin pensarlo dos veces le di vuelta a la casa, entre por la puerta de servicio que había en la cocina, corrí hacia la sala, solo para encontrar todo desordenado, parecía como si acabara de ocurrir una gran pelea, asustado subí las escaleras y al llegar a la puerta de la recamara de mi abuelo, sentí un gran alivio al verlo en su viejo sillón, al verme suspiro y con una solo mirada me ordeno que me sentara a su lado.
-Sabia que vendrías- me dijo sin apartar la vista de la ventana-
-Abuelo Juan estas bien, ¿Que ha pasado? ¿Porque la casa esta así? ¿Te atracaron?, ¡¡contéstame por favor!!-dije yo sin saber porque, lagrimas empezaron a rodar por mis mejillas. Trate de controlarme, sin saber porque me había asustado como un niño.
-Estoy bien, no te preocupes-me dijo dibujando una sonrisa en su rostro-a llegado la hora tengo que partir- se paro del sillón tocándose el pecho.
-¡Ay Abuelo por el amor de Dios! No puedo creer que me hayas hecho venir por otro de tus arranques de locura- conteste enojado, no era la primera vez que lo hacia, tenia la mala costumbre de darme sustos de muerte, para después llorar un poco y quedarse dormido, estaba de verdad molesto, había vuelto a caer.
-No, Joel, esta vez es en serio, Ana Rita por fin me ha perdonado y ha venido por mi- mi ira no se pudo contener más- Abuelo, Ana Rita desapareció hace mucho, mamá me contó su historia, que eran novios que se iban a casar y que un día solo desapareció, déjalo ya, solo te lastimas- me pare del sillón y lo sujete firmemente con mis brazos –Abuelo mírate los años van los años vienen y tu sigues con el mismo cuento, desde que mamá murió ya no sales, esta casa es la que te enferma, te llevare a vivir conmigo, no puedes seguir así- trate de serenarme mi enojo aunque no por completo estaba despareciendo.
-Joel, no lo entiendes ¿verdad? Hay muchas cosas que tu no sabes, todo empezó cuando yo tenia tu edad, acababa de cumplir 22 años, nunca tuve la oportunidad que tus padres te dieron, yo jamás estudie, en esos días afortunado era el que podía comer- la ira se apodero de mi nuevamente y lo interrumpí- Abuelo porque no lo entiendes ya han pasado 80 años abuelo, ya estamos en otro centenario, he oído suficiente de tus historias, ya no soy un niño y ahora que mamá no esta tendrás que hacerme caso y venir conmigo-Apunte con un acento tal de maestro de primaria cuando regaña a sus alumnos.
Mi abuelo me miro fijamente, y me dijo: - ¿Sabes por que la casa esta así?, pase toda la mañana buscando esto- de su cuello saco una cadenita finísima, de la cual colgaba una llave que dado su tamaño y figura uno se podría imaginar que era del siglo antepasado sino es que de mayor tiempo atrás.
-Abuelo, ¿qué es eso?- pregunte sin dejar de mirar ese pequeño tesoro que no paraba de brillar en las manos del abuelo Juan.
-¿Sorprendido? Lo esperaba Joel, aunque lo pienses jamás dejaras de ser quien eres, un niño ávido de aventuras y misterio- Proclamo con una gran sonrisa en el rostro de maestro pase a ser el alumno al cual han pillado en media travesura, dio un par de pasos y se subió en su cama.
-Abuelo te ayudo, ya estas muy grande para estas cosas- sin decir mas me acerque a la cama y lo tome del brazo para ser su apoyo- Joel baja el cuadro, tienes razón soy muy grande para esto- Sin replicar baje el cuadro que tenia sobre su cama un Monet, extraño cuadro pintado de noche parecía una copia de su obra “La urraca”-Ya esta abuelo que quieres que haga-mi abuelo descolgó la cadenita de su cuello y me la puso en las manos- Si te fijas bien, el clavo es una cerradura, sácalo y mete la llave en la cerradura- así lo hice sin dejar de sudar, que carajo estaba pasando- listo abuelo ¿qué hago?- mis manos no dejaban de temblar.
- Da tres vueltas a la derecha, sume la llave, gírala de nuevo una vez hacia la izquierda y tira fuerte hacia fuera- mire a mi abuelo sin poder creer todavía lo que estaba pasando.
-Abuelo estas seguro la llave se puede romper- Trate de advertirle con la mas sincera preocupación.
-No, Joel no se romperá ya verás- Deje de discutir, sabia que era inútil, tome la llave la gire a la derecha, la empuje, gire nuevamente y jale con toda mi fuerza hacia fuera, sobre mis manos cayó un cofre algo pesado, no muy grande.
-Abuelo ¿Qué es es…?- sin terminar mi pregunta, me deje caer sobre la cama y lo mire esperando su respuesta.
- Esto es tu herencia y esta noche sabrás toda mi historia porque Ana Rita vendrá por mi y tengo que terminar mis asuntos- Yo no pude ni contestar, al abrir el cofre encontré varias monedas de oro, dos anillos, uno rojo, cuya piedra brillaba casi dejándome ciego, y uno completamente de oro con un sello de un león que me parecio familiar, un medallón que parecía estar tallado en márfil y una carta.
-Joel toma asiento, ya es tarde, falta poco para que anochezca, mi historia termina hoy y necesito contártela.
Continuara…
